Por: MCC FUSADER GIDROT

Abr/27
Publicaciones

Revista ENCUENTROS número 22

CIUDAD, MEDIO AMBIENTE Y TERRITORIO

La megaminería del oro, especialmente en los páramos, tiene impactos extremos en el medio ambiente y en especial en el agua, al contaminarla con elementos radiactivos, condenando a las poblaciones a una muerte segura o al abandono de sus territorios

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Publicación de Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana-MCC, Fundación Santandereana para el Desarrollo Regional-FUSADER, Grupo de Investigación GIDROT, Escuela Economía UIS, Financiera Comultrasan.

e d i t o r i a l

“El territorio es la vida y la vida no es posible sin el territorio.” Francia Márquez

Con el levantamiento de la población de Puerto Wilches, frente al otorgamiento por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) de la licencia ambiental para el desarrollo de un pozo piloto de fracking, y la actitud de rechazo de las autoridades y pobladores del municipio de California en la zona del páramo de Santurbán, por la forma amañada como se viene desarrollando el proceso de socialización de la delimitación del páramo, se demuestra el alto nivel de conciencia de los pobladores de los territorios afectados por la política minero-energética.

Se quiere delimitar la zona para justificar y favorecer la explotación megaminera en el ecosistema, desconociendo la integralidad vital y minimizando la fragilidad del páramo.

La actitud del gobierno es la de querer pasar por encima de las comunidades, violando sus derechos, al no consultarlas o al hacerlo en una forma amañada, parcial, sin importar cuales sean las afectaciones medioambientales. El agua es la vida y el futuro de las comunidades. Es la supervivencia, y su única posibilidad de existencia y preservación es el rechazo unánime al desarrollo de este tipo de proyectos, que no solamente producen el desalojo de las comunidades y la desnaturalización de las relaciones productivas y sociales, sino la condena eterna a la contaminación de sus aguas.

El fracking ha sido prohibido en la mayoría de los países más desarrollados, dados sus efectos negativos sobre el medio ambiente. El consumo masivo y la contaminación del agua, en este proceso, es una de las principales preocupaciones de los pobladores de Puerto Wilches. El agua, que se utiliza en grandes cantidades para los efectos extractivos, se toma de los ríos o quebradas de la zona, quitándoles a las comunidades la posibilidad de utilizarlas en los diferentes cultivos y la subsistencia. La contaminación del agua es un atentado contra la vida. Lo mismo pasa con la explotación del oro por la megaminería en Santurbán, pues la utilización de grandes cantidades de agua en el proceso de explotación minera contamina los diferentes afluentes y los acuíferos, que alimentan el acueducto del área metropolitana de Bucaramanga y demás poblaciones de Santander y Norte de Santander.

Es claro que el gobierno saliente quiere dejar amarrada la política de hidrocarburos y de minería. No les importa la gente. Les importan sus intereses, mostrando su cinismo y su capacidad de engañar y de mentir. Especialmente, de ser superfluos en la dimensión de responsabilidad de sus actos. Una cosa son los discursos en el exterior y otra su actuación en el territorio, un cinismo que actúa en ambos escenarios. Esto hace nacer una política extraña de la ausencia. Ausencia de práctica política, pero también de conflicto y alarma, sucediéndose los hechos bajo un manto de surrealismo optimista con que se visten las mentiras en el tiempo actual.

Mantener la política minero-energética, a pesar de su incidencia en el calentamiento global y de sus impactos sociales y económicos en las comunidades, con el aumento de la pobreza y el despojo de los territorios, es un atentado contra la vida.

La producción de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) contribuyen al cambio climático mundial, que hoy son los responsables de más del 75 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero y casi del 90 % de todas las emisiones de dióxido de carbono, según Naciones Unidas (ONU). Hoy se demuestra cómo el impacto climático viene sembrando el caos en diferentes partes del mundo. Colombia no es la excepción. La megaminería del oro, especialmente en los páramos, tiene impactos extremos en el medio ambiente y en especial en el agua, al contaminarla con elementos radiactivos, condenando a las poblaciones a una muerte segura o al abandono de sus territorios.

Hay que tener en cuenta que los páramos actúan como sumideros de gas carbónico.

El rechazo unánime de las comunidades a la implementación del fracking, de la megaminería del oro en territorios megadiversos, y a la explotación del carbón, permitirá cambiar el rumbo de una sociedad que ha sustentado su desarrollo en una política minero-energética. Hoy es fundamental adelantar un proceso de transición energética, fortaleciendo las energías limpias, utilizando el sol y los vientos, que son un regalo especial de la naturaleza y una oportunidad inteligente para unir la creatividad con la física de los elementos para la energía. Regalos que, como los bosques y las selvas, reservorios útiles y transversales a la vida, hoy son presos de la barbarie de la deforestación.

Una mirada al significado y el sentido de la vida, el reconocer que somos parte de la naturaleza nos permitirá encontrar en los objetivos del desarrollo sostenible

(ODS) una real posibilidad para promover una economía social que rompa con la desigualdad y la pobreza, además de cuidar y defender la denominada Pachamama, la casa común, la casa de todos. Una casahogar, en la medida en que no se puede deshabitar.

Revista ENCUENTROS No. 22


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