Por: MCC FUSADER GIDROT

Mar/7
Publicaciones

Revista ENCUENTROS número 21

CIUDAD, MEDIO AMBIENTE Y TERRITORIO

“Hoy nos encontramos entre los once países más vulnerables frente al cambio climático, situación generada por la deforestación y destrucción de la biodiversidad, como producto del modelo de desarrollo impuesto por la apertura económica”

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Revista ENCUENTROS número 21

Publicación de Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana-MCC, Fundación Santandereana para el Desarrollo Regional-FUSADER, Grupo de Investigación GIDROT, Escuela Economía UIS, Financiera Comultrasan.

Editorial

Ya se acerca la hora para que, en democracia y respondiendo al llamado de una sociedad que afronta la primera gran crisis en su historia reciente, podamos, en las urnas, cambiar el rumbo de este país. El hambre, le exclusión social, la desigualdad y la barbarie que azota a los territorios abandonados por parte del Estado, son el resultado de la incapacidad mental para entender la realidad que vivimos.

En medio de la crisis, el “presidente viajero” quiere, en el exterior, negar la situación social, económica y política que vivimos, buscando convencer al mundo que navegamos en un sueño de bondades. En su gira europea, sus discursos encuentran contradictores. Ocurrió en el Parlamento Europeo, con, parlamentarios levantando carteles de protesta y denuncia, además de discutir abiertamente las falencias humanitarias del gobierno en sus turnos de oratoria. Ocurre en los tránsitos públicos entre entidades comprometidas en la agenda presidencial, obstaculizadas por manifestaciones espontáneas de ciudadanos que ya no son solamente colombianos. Al periodismo extranjero le habla comedidamente, toda vez que encuentra preguntas difíciles. Ya no se puede andar por el mundo con una maleta llena de mentiras, pues a la luz de la virtualidad, y de los distintos medios de exposición pública, la verdad es posible. El mismo Twitter de presidencia (@IvánDuque) es la muestra de un esfuerzo mediático por paliar la andanada de voces contrarias.

Hoy nos encontramos entre los once países más vulnerables frente al cambio climático, situación generada por la deforestación y destrucción de la biodiversidad, como producto del modelo de desarrollo impuesto por la apertura económica. Mientras tanto, el presidente firma el Tratado de Escazú, que refleja las prioridades ambientales de la región y la protección de los defensores del medio ambiente; lo envía al congreso para su ratificación y sus aliados lo engavetan. El candidato presidente promete que no habrá fracking y se autorizan las primeras pruebas en Puerto Wilches; prometió que no habría megaminería en Santurbán y fue a donde los árabes a prometerles el desarrollo del proyecto. Como si fuera poco, permite por decreto excluir de las zonas de reserva forestales nacionales y regionales para actividades como la minería y la sustracción forestal, y continúa la deforestación de la Amazonía y del Chocó.

El presidente reafirma públicamente el Estatuto de Roma, exalta los convenios con el espacio andino, se demuestra humano en sus alusiones a Venezuela. Todo es una farsa, un engaño, que el pueblo colombiano debe castigar en las urnas por una razón adyacente. El presidente no pierde el tiempo. Sus viajes son también una agenda por la autoprotección política y la tratativa puntual de convenios que comprometen al país, ya no exclusivamente en su imagen. Las mentiras, pintadas de blanco, parecen males menores. Este es un gobierno corrupto y antidemocrático, violador de los derechos humanos y destructor del Estado de Derecho. Un gobierno que coopta los organismos de control y a la mayoría del congreso, que le aprueba todo lo que ha significado la implantación de un mandato unidireccional para beneficio de la clase política corrupta y los amigotes de colegio y la universidad del presidente. Hoy, los famosos clanes y grupos que han mamado literalmente del gobierno de turno, se preparan nuevamente para capturar electores, para seguir en la feria de contratos y puestos que les permita mantener el poder en las regiones. En las entidades oficiales se habla de realizar una “pedagogía política”, del “tema electoral”, de la “estrategia mediática” para impedir cualquier forma de cambio, llevando a su personal a situaciones incómodas que a su vez comprometen la libertad individual. El gobierno es una señal de luz que es a su vez un faro. A esa luz opaca, a todo lo que la difumine, hay que señalar y denunciar. Son igualmente culpables de lo que hoy estamos viviendo. Se debe buscar la renovación del Congreso, que permita los cambios que en este momento necesita Colombia.

Para pensar en un cambio profundo del modelo de desarrollo, hay que valorar el significado de la naturaleza, de la biodiversidad y de la vida. Hay que revaluar el poder de las regiones desde su calado humano, y restablecer los vínculos específicos de los poblados con la tierra, con la producción y con el entorno legal. Hay que amansar el diálogo entre los contrarios, promover la justicia mediante el recelo por disfrutarla, de participar en ella. El modelo actual, peldaño alto de un pasado reciente neoliberal de economía de mercado que ha beneficiado a los más ricos y a un sector financiero depredador, ha aumentado la desigualdad, el hambre y la pobreza; un modelo destructor del medio ambiente. Cambiarlo significa mirar profundamente nuestra realidad, reconocer qué tiene el territorio y creer en las potencialidades y riquezas que nos aporta la naturaleza y el capital humano. Incluir la academia y la investigación científica, como aportantes a esa nueva mirada del desarrollo, lo mismo que el conocimiento empresarial, muchas veces creativo y con ideas que le aportan a ese nuevo modelo donde todos pensamos en función de todos. Juegan igualmente las reglas de convivencia como riqueza cívica institucional y un sentido de pertenencia hacia el territorio. Todas ideas planteadas por un profundo conocedor de las realidades regionales, como el geógrafo, economista, ingeniero civil y científico de políticas ambientales Carlos Fonseca, otrora funcionario ambiental y de Colciencias, que invitan a potenciar las diferentes zonas que conforman ese territorio nuestro país llamado Colombia. Un modelo de economía social, que permita reconocernos, encontrarnos y construir ese nuevo futuro abrazados a la naturaleza y al amor por la vida.

Invitamos a la ciudadanía a ejercer el derecho a participar y votar por el cambio y la renovación en la representación política en el congreso y en la conducción del Estado en la presidencia de la república. Invitamos a participar activamente de las elecciones, y a juzgar la realidad por encima de los discursos – o por la ausencia de discurso – de los candidatos políticos. Invitamos a participar del derecho a poner la mano en la mesa, un acto que comienza por refrendar un manifiesto colectivo en las urnas.

Revista ENCUENTROS No. 21


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