Por: MCC FUSADER GIDROT-UIS

Ene/2
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Revista ENCUENTROS número 20

CIUDAD, MEDIO AMBIENTE Y TERRITORIO

“No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar” Ángela Davis

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Revista ENCUENTROS número 20

Publicación de Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana-MCC, Fundación Santandereana para el Desarrollo Regional-FUSADER, Grupo de Investigación GIDROT, Escuela Economía UIS, Financiera Comultrasan

editorial

Somos Colombia, un país dotado de una extraordinaria belleza natural, de biodiversidad y diversidad cultural. Cuenta con dos océanos. Un paisaje de cordilleras, de nevados, de llanuras. De páramos, de los cuales el 50 % de ellos están en nuestro territorio. Un país de música y poesía. Un país verde de todos los colores. Un territorio que sorprende a propios y extraños todos los días.

Esa Colombia de gente buena y maravillosa ha estado por más de sesenta años en manos de castas políticas caracterizadas por la violencia, la corrupción y su consecuencia, la pobreza. Un país que ha caminado por los senderos de la desigualdad y la ambición, por la acumulación de tierras y de poder político.

Desde 2020 dos fenómenos aparentemente dispares como la pandemia y la movilización social mostraron la profundidad de la crisis social latente en todos los estratos de la vida, y desenmascararon una democracia como instrumento de sometimiento. La violación de los derechos humanos y la criminalización de la protesta social cerraron esta vigencia del parlamento con la discutida Ley de Seguridad Ciudadana, cuyo enfoque protege los bienes de la acción humana con la misma rigidez con que el porte de armas se hace punible en y hacia el sentido ciudadano.

Un informe sobre violencia y conflicto armado (2021, Indepaz), da cuenta del horror que continúa: 92 masacres, 48 firmantes de los acuerdos de paz asesinados, 168 líderes sociales asesinados, además de 2005 detenciones arbitrarias durante el paro nacional. El Estado necesita protegerse de la ciudanía que representa, desintegrando el país en juicios de valor y juicios de hecho de dos o más ciudadanías.

Hoy tenemos un Estado al borde del colapso funcional, con la deslegitimación de todas sus instituciones. Se coopta la Fiscalía, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo y la Contraloría. Una nación en crisis de funciones que invita a la reflexión, ante tantos manifiestos de inequidad e injusticia.

El desprestigio de la clase política y del gobierno abren las puertas a una nueva representación política. El país está frente a la expectativa de un nuevo gobierno, a ser electo en 2022. Un nuevo gobierno y un nuevo congreso que, dentro de las posibilidades resultantes, marque el derrotero y el futuro de un Estado necesitado de recuperar la credibilidad de los ciudadanos en la política democrática y derrotar el modelo corrupto instalado desde hace varias décadas, empecinado en fragmentar el sentido integral de la ciudadanía.

Con la movilización social, la juventud demostró ser consciente de la necesidad de un cambio de rumbo. Y diferentes sectores poblacionales se unen a este sentimiento que viene creciendo en el país. No es posible seguir permitiendo tanta inequidad y robos del erario público. Para la consciencia social actual resulta inadmisible. La generación participante representa una mirada que interpreta la realidad nacional, y está destinada a remplazar a las castas predominantes en el ejecutivo y las regiones.

Santander está huérfano de liderazgos político y económico. La desindustrialización propiciada por la apertura económica y los Tratados de Libre Comercio (TLC), hizo que el país perdiera su capacidad productiva. Santander sufrió las consecuencias de esa política económica neoliberal, que desmanteló el sector productivo para entrar a depender de las grandes potencias. Hoy se importa más del 70 % de la alimentación de los colombianos.

Pensar la región, partiendo de las fortalezas que cada una tiene, es pensar en nuestras fortalezas. Fortalezas que deben ser el instrumento de un paquete de pensamiento que nos ayude a ser más proactivos e innovadores. Ser incluyentes es la forma de encontrar juntos las alternativas que permitan mejorar las condiciones de vida en la región, desde sí.

Integrar la ruralidad con la zona urbana es una prioridad frente a los retos que demanda el calentamiento global. El agua, la alimentación y el medio ambiente se constituyen en la base fundamental de la subsistencia. Compromisos como la defensa del páramo de Santurbán, es para el pueblo santandereano la bandera por la dignidad y el respeto a la vida. No podrán pisotear nuestro derecho al agua. El páramo de Santurbán es patrimonio de todos y no permitiremos, como región que lo valora, que el gobierno le dé la licencia a un proyecto minero que es la licencia de muerte para más de dos millones de personas que beben el agua del páramo de Santurbán.

La región es un valor humano de acción ante su entorno, e inspirado por este. El paisaje es entonces parte de la voluntad humana en tanto urge actuar en favor de decisiones llenas de carácter para, antes que frenar, dejar pasar los planes destructores u opresores de la clase política tradicional. Que con la fuerza con que se empujó al país a la desintegración, pasen de largo en una caída de la que sean testigos quienes, unidos por las necesidades locales y regionales, diferenciados de los sectores protegidos por el hábito de la corrupción, emprendan un camino en sentido contrario y mirando hacia el futuro.

 

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