Por: MCC FUSADER GIDROT-UIS

Jul/15
Publicaciones

Revista ENCUENTROS número 15

CIUDAD, MEDIO AMBIENTE Y TERRITORIO

.. el pueblo colombiano mantiene su espíritu de grandeza y nunca renunciará a sus derechos ..

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Revista ENCUENTROS número 15

Publicación de Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana-MCC, Fundación Santandereana para el Desarrollo Regional-FUSADER, Grupo de Investigación GIDROT, Escuela Economía UIS, Financiera Comultrasan.

 

EDITORIAL

En esta Colombia de siempre negada a las mayorías, los jóvenes son hoy los protagonistas de las protestas y movilizaciones ciudadanas en las calles de este país; sus más diversas expresiones reclaman sus derechos elementales y su reconocimiento como sujetos olvidados de un estado ciego, sordo y represor. Esta juventud lleva en la piel y en su pensamiento la transición de un país que rechaza la guerra y la violencia, una nueva generación que quiere la paz digna. Sin duda es el signo de un nuevo país que se niega a permanecer en el obscurantismo, en el atraso y la pobreza eterna del no futuro; el panorama que avizoramos nos muestra que está emergiendo en todo el país una nueva generación de inteligencias y talentos que con tenacidad y valentía señalan un camino político de diálogo transformador en democracia al tiempo que persisten en ofrecer su vida luchando por un cambio justo y democrático para un país que está harto de sufrir nuevos y terribles hechos de guerra, dolorosas desigualdades y exclusiones que los condena a una vida miserable y sin futuro.

El gobierno del presidente Duque y su partido uribista pretenden que la ignominia permanezca en la impunidad con su política de violación de derechos humanos que el mundo ha conocido desde diferentes miradas y observadores con informes sustentados y documentados inocultables. Solo el cinismo de su discurso puede negar la terrible política de violencia como fórmula para acallar la protesta social acompañada de su negativa al diálogo social y a la concertación de soluciones políticas. Este sistema de restricciones democráticas a la vida y a la libertad solo quiere responder a los intereses voraces de una clase política y económica corrupta, de corte militarista, despojada del menor sentido humanista y del respeto por los derechos humanos.

Miles de jóvenes se toman las calles y plazas públicas, participando activamente en las protestas contra la indolencia de un gobierno que los ha ignorado. El hambre crónica está inundando miles de hogares hundidos en pobreza económica, sin empleo y sin oportunidades. Esta prioridad no encuentra espacio en concretar propuestas de diálogo con mesas de concertación; así, crece la indignación con el sufrimiento y el dolor de sus familias, otras muchas desplazadas y víctimas de la guerra y la violencia rural y urbana anhelantes de cumplimiento de los acuerdos de paz.

Muertes, desapariciones, heridos y violaciones, son el resultado de más de 50 días de paro. Ante tanta barbarie, las organizaciones sociales, de derechos humanos y la comunidad internacional se han movilizado para llamar a parar las masacres de civiles y el abuso de la fuerza y del poder militarista que agobia a Colombia. La presencia del CIDH, en su visita documentaron hechos, escucharon a las víctimas y al gobierno, generando en su informe 41 recomendaciones, que van desde la separación de la policía del Ministerio de Defensa, la exigencia de investigaciones judiciales a las múltiples violaciones de derechos humanos, hasta la puesta en libertad de todos los detenidos en las manifestaciones. El gobierno en una clara actitud de soberbia, no reconoce el informe ni las recomendaciones, rechaza la oportunidad de cooperación internacional y el acompañamiento ofrecido por el CIDH para corregir sus políticas, evitar que estos graves hechos vuelvan a ocurrir, y sobre todo que cumpla sus obligaciones como signatario de los compromisos de Colombia como miembro de la CIDH en el respeto de los derechos humanos.

Igualmente, la Misión de Observación Internacional, SOS Colombia, integrada por delegados de 12 países de organizaciones de derechos humanos no gubernamentales, académicos y juristas, quienes hicieron presencia en el territorio nacional durante los primeros días de julio, recogió información sobre violaciones graves, sistemáticas y generalizada de los derechos humanos, contra los participantes en las marchas del paro nacional. Sus recomendaciones coinciden en gran parte con las pronunciadas por el CIDH, además solicitarán hacer seguimiento a las denuncias de hechos en materia de justicia. Esta Misión de solidaridad con Colombia en su informe llama la atención de la comunidad internacional para que revisen los acuerdos comerciales y apoyos económicos con Colombia, si el gobierno de Duque no toma medidas para proteger el derecho a la protesta pacífica y mejorar las condiciones sociales y los derechos humanos de los colombianos.

La perspectiva de futuro no es clara para los colombianos, menos cuando se avecina un año electoral que ya inició sus mensajes de convocatorias para elegir un nuevo gobierno y un nuevo congreso que será conformado a mediados del próximo año.

El gobierno simplemente rechaza las recomendaciones de las misiones internacionales, sin prever las implicaciones que tal actitud le puede generar al país. Su posición negligente, parte de los principios de una dictadura civil que viola el Estado de Derecho, que se toman los organismos de control.

La ambición de esa vieja clase política de perpetrarse en el poder gubernamental es la explicación que permite entender la posición obcecada del gobierno frente a los derechos humanos y su alto nivel de desprestigio. Recurrir al abuso de la fuerza y al autoritarismo manteniendo los privilegios de los sectores económicos dominantes, negando las reformas democráticas para redistribuir el ingreso contra la desigualdad, el derecho a la salud, el desempleo y la renta básica.

La pandemia y su nefasto balance con más de 110.000 muertes ha desnudado la profundidad de la corrupción estatal, y son un reflejo de la ausencia de políticas de Estado de espaldas a su responsabilidad y al mandato constitucional que lo obligan a generar condiciones sociales mínimas para los sectores populares y empobrecidos de la clase media que la pandemia ha agudizado. La respuesta al paro nacional no fue el diálogo sino la violencia. Sin embargo, el pueblo colombiano mantiene su espíritu de grandeza y nunca renunciará a sus derechos. Vendrán nuevas manifestaciones y protestas con la seguridad de que el autoritarismo llegará a su fin

“.. el pueblo colombiano mantiene su espíritu de grandeza y nunca renunciará a sus derechos ..”

Revista Encuentros No.15 julio 2021


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Por: MCC FUSADER GIDROT-UIS