Por: Jorge Castellanos Pulido

Abr/14
Opinión

Rescatar el Gran Santander

Estamos en el deber moral y político de la defensa de lo nuestro, la reconstrucción de la región nororiental y su reconocimiento como región estratégica para la vida.

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Estamos entrando en un momento de grandes definiciones que convocan la conciencia ciudadana a participar en la construcción de sociedad con futuro para los colombianos. Es la decisión de elegir próximamente el poder público presidencial para la conducción del Estado con los lineamientos del poder legislativo, el congreso y la constitución nacional.

Tenemos la expectativa de una oportunidad histórica sobre la elección democrática de un nuevo gobierno que tenga la voluntad y la capacidad de implementar alternativas de política social y económica con una dimensión humana dignificante, cambios estructurantes y posibilidades de hacer cierto el disfrute del derecho sostenible al buen vivir de los territorios y sus comunidades.

En un sencillo análisis comparativo frente a otras regiones, Santander viene en franco retroceso en sus condiciones de infraestructura vial, gestión pública y desarrollo social. El empleo y las condiciones que favorecen el desarrollo económico y la calidad de vida de los ciudadanos son deprimentes, inundados por la informalidad, la corrupción y la vulneración masiva de los derechos humanos.

La decisión ciudadana del voto del 29 de mayo, sin duda definirá las posibilidades de redención de Santander y sus proyecciones en la historia con perspectivas de futuro, o por el contrario padeceremos la continuidad del atraso, corrupción y negación de oportunidades de vida digna para el pueblo del gran Santander.

Estamos en el deber moral y político de la defensa de lo nuestro, la reconstrucción de la región nororiental y su reconocimiento como región estratégica para la vida. Es inaplazable concertar y defender la agenda programática del gran Santander sobre su infraestructura vial moderna y segura, los ecosistemas, los bienes naturales y recursos energéticos además de los servicios sociales y eco-sistémicos esenciales, la agroindustria, para garantizar el trabajo digno y un futuro de prosperidad y paz a sus comunidades.

Estamos en mora de recuperar el diálogo democrático entre diferentes e interpretar y entender la importancia de un proyecto grande de nación que surja de la construcción de agendas territoriales de desarrollo, incluidas como parte sustantiva del proyecto nacional construido para cambiar la historia.

 

 


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