Por: Luis Álvaro Mejía Arguello

May/23
Opinión

Por el país que queremos

las más de cien mil voces que le cantaron a la vida y rechazaron, sin violencia, el respeto por el derecho al agua y a la defensa de nuestro páramo de Santurbán: Un grito de esperanza, que el país sintió.

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Hoy vemos un país descuadernado. Un gobierno sin gobernabilidad y un patrón que le quiere cerrar las puertas a la verdad. Noticias que van y vienen y que acentúan sentimientos de odio sin que logremos consolidar ese camino de fraternidad y respeto que abrió el proceso de paz. Mantener el caos, es una estrategia de los sectores más retardatarios del país, que quieren alterar el orden constitucional vigente.

El país económico no arranca. La salud es un caos. Hoy quieren, a espaldas del país, venden Medimas a los gringos. Avanza el fracking y la gran minería en ecosistemas estratégicos. Cada día se ahonda más la desigualdad y crece la violencia. La corrupción a nivel público y privado desangra los recursos públicos y la justicia no llega.

Afortunadamente hay otro país. Una ciudadanía, que poco a poco ha venido tomando conciencia de todas éstas realidades y actúa. Un país que construye con sus manos, que teje alternativas económicas y sociales que hacen posible que la vida continúe. No todo está perdido. Las manifestaciones sociales son una demostración de ése país, que siente en su piel la violencia y la injusticia y el desalojo y la destrucción de ecosistemas estratégicos, que conforman las políticas que presionan la entrega de territorios, violando derechos constitucionales.

Hoy tenemos un sector del periodismo comprometido con esta realidad. Una ciudadanía más informada, y una juventud que se mueve en las redes sociales, buscando caminos que hagan posible un futuro y una existencia digna. Cada día nos convencemos más que la violencia no es el camino.

La fraternidad, la solidaridad, el respeto al otro forman parte de los principios que deben regir el comportamiento humano. Una demostración, las más de cien mil voces que le cantaron a la vida y rechazaron, sin violencia, el respeto por el derecho al agua y a la defensa de nuestro páramo de Santurbán. Un grito de esperanza, que el país sintió.

 

 

foto: marcha 10 mayo, Pastor Virviescas Gómez


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