Por:Álvaro Beltrán Pinzón

Dic/16
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INDIGNADOS

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Ha pedido el alcalde Petro a sus seguidores que hagan presencia permanente en la Plaza de Bolívar de Bogotá para acompañarlo en su manifestación de inconformidad ante la sanción que le impuso el Procurador General de la Nación. Pretende convertirla en una nueva plaza Tahrir, desde la cual los egipcios presionaron la caída de Mubarak, rememorando las manifestaciones de indignación sucedidas en diferentes países del Oriente próximo conocidas como “la Primavera Árabe”.

Se vislumbra que en el fondo busca recurrir a una convocatoria variopinta que capitalice la protesta frente a diversos males endémicos que producen desazón a los colombianos: la corrupción creciente; la segregación y desigualdad irritantes; las violaciones a Derechos Humanos; la desesperante lentitud y selectividad de la justicia; los infaltables intereses privados que impiden hallar solución al problema de la atención de la salud; las malas notas en la educación, en las cuales tiene mucho que ver un sistema obsoleto que aún prevalece; la desgastante y humillante tramitología en el sector oficial; los abusos de entidades financieras; la llamada mermelada exigida por algunos congresistas como retribución a su obligación legislativa, etc.

Cada una de estas falencias representa razón suficiente para alentar un malestar en la sociedad civil, que no ha encontrado sus canales expeditos de expresión y tampoco se siente lealmente interpretada para nutrir una opción política alternativa. Estos motivos de descontento, lejos de provocar una acción colectiva reivindicadora, han sido hasta ahora generadores de apatía, desdibujando más y más nuestra precaria democracia.

“Ya se sabe que en las sociedades donde se han roto los lazos de solidaridad, donde abundan los individuos pero no existen o casi no existen los ciudadanos, la indignación y la rebeldía no consiguen asumir el carácter de transformaciones políticas, es decir, comunitarias, y cada quien deriva más bien hacia la transgresión y el delito. Los proyectos, las causas nobles, los ideales compartidos naufragan en el pozo de los apetitos personales, de los resentimientos individuales y de las hambres privadas.”, anota William Ospina -con escepticismo- en su libro Pa que se acabe la vaina.

Columna publicada en el periódico Vanguardia Liberal Bucaramanga, lunes 16 de diciembre de 2013 http://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/alvaro-beltran-pinzon/238346-indignados

 


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